Freddie Mercury habría cumplido 80 años este 5 de septiembre. Sin embargo, sus canciones en Spotify están muy lejos de pertenecer únicamente al pasado. En septiembre de 2026, Queen supera los 53 millones de oyentes mensuales en Spotify y su catálogo se aproxima a los 30.000 millones de reproducciones acumuladas en la plataforma.
“Bohemian Rhapsody” sobrepasa los 3.200 millones de escuchas, mientras que “Don’t Stop Me Now” supera los 2.700 millones y “Another One Bites the Dust” ya ha pasado la barrera de los 2.500 millones. Son cifras propias de una banda completamente vigente, capaz de llegar a generaciones que ni siquiera habían nacido cuando Freddie murió en 1991.
Pero detrás de aquella voz, los grandes conciertos y los trajes extravagantes existía un hombre que disfrutaba observando el mundo a través de una pequeña cámara instantánea. Entre todas sus aficiones, había una que le permitía guardar momentos y convertirlos inmediatamente en objetos: la fotografía Polaroid.
Y lo más intrigante es que una de esas fotografías, tomada mientras otro miembro de Queen lo fotografiaba a él, podría seguir guardada en algún lugar.
La fotografía Polaroid, el pasatiempo favorito de Freddie Mercury
Brian May ha contado que Freddie Mercury sintió una auténtica fascinación por su cámara Polaroid desde el momento en que la consiguió. Le encantaba poder hacer una fotografía y verla aparecer casi de inmediato, sin tener que esperar el revelado de un carrete.
Según recordaba el guitarrista, Freddie fotografiaba constantemente a sus amigos y disfrutaba regalando aquellas imágenes. No se limitaba a guardar las copias para construir un archivo personal. Muchas terminaban en manos de las personas que aparecían en ellas, transformadas en pequeños recuerdos de fiestas, encuentros, viajes o momentos cotidianos.
“Amaba el hecho de poder sacar una foto y verla de inmediato”, explicó May al hablar de aquella afición.
La elección de una Polaroid encajaba muy bien con la personalidad de Mercury. La fotografía instantánea era rápida, imprevisible y física. Cada disparo producía una copia única que podía observarse, tocarse, escribir, guardar dentro de un libro o entregar a otra persona.
No existían filtros, pantallas ni la posibilidad de hacer cincuenta tomas para elegir la mejor. La imagen aparecía poco a poco y conservaba pequeñas imperfecciones en el color, el enfoque o la exposición. Precisamente ahí residía buena parte de su encanto.
La misteriosa Polaroid de Brian May
Freddie Mercury no era el único integrante de Queen interesado en la fotografía. Brian May desarrolló desde joven una gran pasión por la fotografía estereoscópica, una técnica que emplea dos imágenes ligeramente diferentes para crear una sensación de profundidad tridimensional.
Durante las giras, May utilizaba sus cámaras para fotografiar al grupo sobre el escenario, en estudios de grabación, hoteles y momentos de descanso. Parte de aquel material apareció posteriormente en el libro Queen in 3-D.
Entre esas imágenes existe una escena especialmente curiosa: Brian May fotografió a Freddie mientras este apuntaba hacia él con su cámara Polaroid. Ambos hicieron una foto prácticamente al mismo tiempo. May conserva su imagen estereoscópica, pero desconoce qué ocurrió con la copia instantánea tomada por Mercury.
El guitarrista ha reconocido que esa Polaroid debe de seguir “en algún lugar del mundo” y que quizá algún día consiga encontrarla.
La escena muestra dos maneras muy diferentes de entender la fotografía. May buscaba profundidad y experimentaba con una técnica que exigía paciencia. Freddie prefería la inmediatez de una imagen que podía sostener entre sus manos pocos minutos después de pulsar el disparador.
Freddie Mercury estudió arte y diseñó el logo de Queen
La afición de Freddie Mercury por la fotografía no fue un interés aislado. Antes de convertirse en cantante estudió diseño gráfico en el Ealing College of Art de Londres. Aquella formación influyó en su manera de construir la identidad visual de Queen.
Fue el propio Freddie quien diseñó el conocido escudo de la banda. Para crearlo reunió elementos relacionados con los signos zodiacales de sus cuatro integrantes y los organizó alrededor de una gran letra Q. El resultado recuerda a un escudo heráldico, con una corona y un ave fénix presidiendo la composición.
Su educación artística también se percibía en sus trajes, en la decoración de sus casas y en la teatralidad de sus actuaciones. Freddie no solo interpretaba canciones: cuidaba la imagen completa que rodeaba a Queen.
En ese contexto, la cámara Polaroid era otra herramienta visual. Le permitía elegir encuadres, observar gestos y conservar escenas privadas que quedaban lejos de las cámaras profesionales y de las sesiones organizadas por las discográficas.
Su álbum de sellos ya mostraba una mirada artística
Otra afición de Freddie Mercury comenzó mucho antes de la fama. Entre los nueve y los doce años coleccionó sellos, siguiendo una pasión que había heredado de su padre, Bomi Bulsara.
Su álbum infantil tiene 54 páginas y contiene principalmente sellos procedentes de países de la Commonwealth. Lo interesante no es únicamente su valor histórico. Freddie organizaba algunas piezas de acuerdo con su tamaño, forma y color, creando composiciones simétricas dentro de las páginas.
Décadas antes de estudiar diseño, ya estaba experimentando con el equilibrio visual y la distribución de elementos en un espacio limitado.
El álbum fue adquirido en una subasta celebrada en 1993. El dinero se destinó a Mercury Phoenix Trust, la organización creada en memoria del cantante para apoyar la lucha contra el VIH y el sida. Desde entonces, la colección ha formado parte de exposiciones organizadas en distintos países.
Arte japonés, grabados y muebles antiguos
Con el paso de los años, Freddie se convirtió en un coleccionista mucho más serio. Sentía una atracción especial por Japón y reunió grabados, cerámicas, lacas, kimonos y libros dedicados a la historia del arte japonés.
En 1977 compró una copia de Sudden Shower over Shin-Ohashi Bridge and Atake, el famoso grabado de Utagawa Hiroshige. También reunió obras gráficas de artistas europeos como Pablo Picasso, Salvador Dalí y Joan Miró.
La venta de sus pertenencias personales realizada en 2023 permitió conocer la verdadera dimensión de esta faceta. No se trataba simplemente de decorar una mansión con objetos caros. Su colección mostraba curiosidad, conocimiento y una preferencia clara por las composiciones llenas de color, movimiento y simbolismo.
Incluso durante sus últimos años continuó dibujando. En uno de sus cuadernos aparecen bocetos de objetos domésticos, una sandalia, un cenicero japonés y un gato. Esto demuestra que nunca abandonó por completo la observación ni el dibujo a mano.
Los gatos también entraron en sus fotografías y pinturas
Los gatos ocuparon un lugar central en la vida doméstica de Freddie Mercury. A lo largo de los años convivió con varios, entre ellos Tom, Jerry, Tiffany, Oscar, Delilah, Goliath, Miko, Lily y Romeo.
Cuando se encontraba de gira, llamaba a casa y pedía que acercaran alguno de sus gatos al teléfono para poder hablarle. También intentaba fotografiarlos y pintarlos. Su asistente Peter Freestone recordó, por ejemplo, los esfuerzos de Freddie por conseguir que Delilah permaneciera quieta mientras trataba de retratarla con acuarelas.
Finalmente encontró una manera más adecuada de inmortalizarla: le dedicó la canción “Delilah”, incluida en el álbum Innuendo de Queen.
Para alguien acostumbrado a ser fotografiado por profesionales, retratar a sus gatos y amigos con una Polaroid suponía invertir los papeles. Durante unos instantes era Freddie quien decidía qué merecía convertirse en imagen y qué momento quería conservar.
La cocina y un libro de recetas relacionado con Freddie
Freddie también disfrutaba de la comida y de los momentos compartidos alrededor de una mesa, aunque no destacaba precisamente por ser un cocinero experto. En Garden Lodge contó con la ayuda de Joe Fanelli, quien terminó convirtiéndose en uno de sus amigos más cercanos.
El libro Freddie Mercury’s Royal Recipes no fue escrito por el cantante, como a veces se afirma. Fue preparado años después por Peter Freestone y reúne cerca de cien platos relacionados con la vida cotidiana de Freddie. La idea original había surgido de Fanelli, quien imaginó un recetario realizado junto a Mercury y con los platos fotografiados sobre las vajillas que utilizaba en sus fiestas.
Las recetas reflejan su preferencia por comidas abundantes, sabores intensos y platos especiados. De nuevo aparece una relación entre imagen, presentación y experiencia: no solo importaba lo que se servía, sino también el entorno y la forma de compartirlo.
Del ballet a su inseparable piano
La curiosidad artística de Freddie tampoco tenía fronteras. En 1979 participó en una gala benéfica junto a bailarines del Royal Ballet. Interpretó “Bohemian Rhapsody” y “Crazy Little Thing Called Love” dentro de una coreografía preparada por Wayne Eagling y Derek Deane.
Los ensayos fueron agotadores. Freddie era un intérprete instintivo y podía dominar un escenario enorme, pero le resultaba difícil repetir movimientos marcados con la precisión que exige el ballet. La experiencia, sin embargo, reforzó su admiración por la disciplina de los bailarines.
También apreciaba los muebles antiguos y los instrumentos musicales. Aunque durante su carrera utilizó pianos de diferentes fabricantes, el instrumento personal más importante de su vida adulta fue un Yamaha G2 de media cola. En Garden Lodge, aquel piano se convirtió en el centro de largas jornadas de composición y de encuentros con amigos y colaboradores.
La fotografía revela al Freddie Mercury más íntimo
Ochenta años después de su nacimiento, Freddie Mercury sigue presente a través de canciones que acumulan millones de escuchas cada día. Sin embargo, sus fotografías Polaroid permiten imaginar una relación más pequeña y personal con el arte.
No eran imágenes pensadas para una portada, una campaña publicitaria o una exposición. Eran fotografías de amigos, animales y momentos que podían desaparecer si nadie pulsaba el disparador. Freddie las hacía, esperaba unos instantes y muchas veces las regalaba.
Quizá algunas continúen guardadas en cajones y álbumes privados, sin que sus propietarios conozcan su verdadero valor. Y tal vez, entre todas ellas, siga existiendo aquella imagen de Brian May mirando a Freddie Mercury a través de otra cámara.
Una fotografía tomada entre dos amigos que, sin saberlo, estaban documentando la historia de Queen desde ambos lados del objetivo.



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